El trabajo que nadie quiso tomar lo esperaba al final de un camino de tierra en Puebla, detrás de un portón oxidado y demasiados rumores. Un padre soltero llegó sin orgullo, pero con hambre de sacar adelante a sus hijos. Le ofrecieron poco, le advirtieron mucho y aun así aceptó. Lo que encontró antes del amanecer no solo explicó el miedo del pueblo: también le abrió la puerta a una vida que jamás imaginó.
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