El dueño ya casi había decidido cerrar el taller y rendirse por completo, pero en el momento en que vio con sus propios ojos lo que aquel mecánico humilde hizo en silencio por su hijo, que usaba silla de ruedas, entendió que hay cosas que no se pueden medir con dinero, y que la lección de aquel día lo cambió para siempre.
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