El despiadado magnate extranjero estaba humillando a todos, sumiendo al restaurante en un silencio sepulcral de puro terror. La pobre mesera, al borde de las lágrimas, era el blanco de sus burlas más crueles. Sin embargo, justo antes de que la seguridad la expulsara, ella susurró algo en un dialecto ancestral y prohibido. De repente, el rostro del millonario se desfiguró por el miedo, cayendo de rodillas ante la joven, ¡mientras un secreto aterrador salía a la luz!
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