Aún sangrando tras el parto, mi hija de ocho años irrumpió en la habitación, cerró todo y me suplicó en pánico: «Mamá, escóndete bajo la cama, ya». Con dolor agónico, me arrastré con ella. Pasos pesados se detuvieron justo al lado. Ella me selló la boca con sus manitas, temblando incontrolablemente mientras esa sombra se cernía sobre nosotras y una voz helada rompió el silencio…
khanhlinhts